Age of Empires - Juego (PC, Macintosh)

Age of Empires
Age of Empires Age of EmpiresPC, Macintosh 1997 Estrategia en tiempo realEnsemble StudiosMicrosoft Game Studios
Recomendar desde Facebook Recomendar desde Twitter Enviar a meneame Enviar a meneame Compartir en Google+ Pint It Enviar a un amigoAge of Empires, lanzado en 1997, no fue el primer juego de estrategia de ambiente histórico que salió al mercado, pero sí que enseguida se convirtió en el decano de todos los de su clase, y de los muchos que llegaron después. Por multitud de razones, es el juego de estrategia histórica por antonomasia, y adictivo como pocos. Progresivamente complejo, que no complicado, el jugador necesariamente ha de comenzar desde los rudimentos de una civilización, y campaña a campaña, o escenario a escenario, evolucionar hasta su cima. Se comienza en la Edad de Piedra, y las misiones más avanzadas se completan ya en la Edad de Hierro, esto es: de era en era, recorremos sin libros 3000 años de historia. La pieza básica del juego es el aldeano: un hombrecito con las habilidades y fuerzas justas, barato de producir y que se encarga de las tareas elementales de supervivencia. El aldeano es cazador, recolector, pescador, leñador, minero, albañil, y si hace falta ataca con un hueso enorme como arma. Por muchos hoplitas blindados, catapultas o acorazados que orgullosamente pongamos en el tablero, nunca se puede prescindir de nuestro aldeano. Cuando se han conseguido la cantidad de recursos y objetivos que requiera el juego en cada momento, entonces se puede evolucionar a la siguiente edad. Conforme esto ocurre, el jugador es capaz de hacerse con ejércitos cada vez más preparados y mejor armados, desarrolla la agricultura, las ciencias, la tecnología, su religión, el comercio y su diplomacia. Desde un principio, se puede elegir con qué civilización antigua se desea jugar de entre las doce que el menú ofrece, cada una de ellas con su propio diseño en la totalidad de los elementos (excepto los personajes básicos, que sólo les cambia el color del calzón). Uno de los mayores encantos de Age of Empires es precisamente el diseño, el detalle en cada personaje y objeto, que se aprecia a pesar de su tamaño. El colmo y la cumbre es lo que se llama La Maravilla. El jugador es capaz de no comer ni dormir hasta que su primera Maravilla aparezca ante sus enrojecidos ojos. Construirla, defenderla o destruir la del enemigo pueden hacer ganar o perder una partida. Los Artefactos son otra curiosidad que engancha, unos carritos con ruedas que hay que hacer propios y llevar rodando hasta la base. Y también hay que destacar al Hombre Santo, quien con su cántico es capaz de convertir piezas contrarias a nuestro color, y que es decisivo en muchas partidas.

Age of Empires es prácticamente inagotable. Dejando aparte la opción Multijugador, un humano solo contra la máquina tiene por delante posibilidades incalculables. El menú es completo: Mapa aleatorio, para salir adelante con tu aldea sea cual sea la ubicación que el sistema te asigna al azar; Campañas, para adquirir destreza y picardías, y aprender a diversificar y a defenderse; Combate total: perfecto para los más belicosos, uno contra uno o, si ya se considera uno muy diestro, humano contra hasta ocho tribus enemigas; si se pincha la opción Escenario, aparece una lista de situaciones de partida, desde las que avanzar y conseguir objetivos. Incluso existe la posibilidad de crear escenarios a medida, elemento por elemento, por si se desea llevar a cabo cualquier cosa que a uno se le pase por la mente; la flexibilidad es casi total.

Egipcios, asirios y sumerios; babilonios, hititas y persas; minoicos, griegos y fenicios; choson, shang y yamato. Como en cualquier juego, siempre habrá un favorito, y con él pasaremos horas y horas absorto en edades perdidas y batallas emocionantes. Pocos juegos envejecen tan magníficamente como este Age of Empires.

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